Del temor a la inflación al temor a la desaceleración

30 noviembre 2021

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Monthly House View - Diciembre 2021 - Descargar aqui

A medida que nos acercamos al final del año, con los inversores preguntándose sobre las perspectivas de inversión para 2022, merece la pena echar un vistazo a los principales riesgos que rodean el panorama de crecimiento. En esta fase de recuperación tan inusual, caracterizada por graves desequilibrios, el riesgo de previsión sigue siendo elevado, lo que podría verse amplificado por un frenesí en el campo de la previsión económica, que depende más de los indicadores de actividad de alta frecuencia desde la pandemia. 

El primer riesgo de incertidumbre se refiere a la evolución del crecimiento en EE. UU., sobre el que los modelos de previsión de los bancos centrales regionales ofrecen, además, señales contradictorias. Entre los indicadores menos optimistas se encuentra, por ejemplo, el modelo de la Fed de Nueva York, que prevé un crecimiento del 1,7% para el cuarto trimestre de 2022, lo que supone una importante desaceleración respecto a la tendencia prevista para el cuarto trimestre de 2021. En cuanto a las principales instituciones, las diferencias en las previsiones son mayores para EE. UU. que para Europa, ya que la OCDE prevé un crecimiento del 3,9% en EE. UU. en 2022, frente al 5,2% del FMI. En esta desaceleración intervienen múltiples factores, como la desaparición de los efectos de base, las limitaciones de la oferta, las cadenas de suministro y la reducción del plan Biden. Aunque el debate económico se centra ahora en la inflación, la tendencia del crecimiento será una cuestión clave para las decisiones de política monetaria del próximo año.

El segundo riesgo macroeconómico está relacionado con la velocidad del colapso del sector inmobiliario chino y la gestión macroeconómica. Ante un sector inmobiliario hinchado que podría afectar considerablemente al crecimiento chino, podríamos haber esperado una respuesta económica más contundente por parte de las autoridades chinas, que podrían haber tratado de contrarrestar la reestructuración del sector con apoyo monetario y fiscal al resto de la economía. Por el momento, las autoridades están mostrando un nivel de contención opuesto al vigor de la respuesta de 2009 y 2015. La previsión del FMI y la OCDE de un crecimiento de entre el 5,6% y el 5,8% en 2022 podría llevar a pensar que el sector inmobiliario podría costar a la economía china entre uno y dos puntos de crecimiento.

El tercer riesgo se refiere al repunte de la pandemia en Europa, con respuestas que podrían ser aún más divergentes entre los países, lo que refleja no solo diferentes estrategias sanitarias, sino también contextos políticos específicos, que podrían retrasar la vuelta al teletrabajo, ya incipiente en Alemania. Ante esta tendencia a un repunte de la pandemia, la cifra de crecimiento del 4% al 4,5% prevista para 2022 también podría revisarse a la baja.

El último peligro es internacional y está relacionado con los problemas de la cadena de suministro, cuyos efectos podrían prolongarse hasta bien entrado 2022. En el tercer trimestre, es probable que este factor haya costado entre uno y dos puntos de crecimiento, como demuestra el decepcionante indicador de crecimiento de EE. UU. (2%) o la producción industrial de China, que se estancó en septiembre con respecto al mes anterior. No cabe duda de que estas cuestiones deberían acabarse resolviendo, pero es difícil predecir cuánto tardarán, y las hipótesis para 2022 las integran solo parcialmente.

Si sumamos todos estos riesgos, podríamos pasar de un panorama de crecimiento mundial muy superior al 4% a otro en el que apenas se supere el umbral del 3%, considerado por los inversores como el punto por debajo del cual suele ser aconsejable reducir las inversiones en activos de riesgo.

Esta no es nuestra hipótesis actual, aunque, tras aumentar la probabilidad de una aceleración reflacionista, debemos tener en cuenta el riesgo de una decepción en el crecimiento.

La otra implicación clave se refiere a los bancos centrales. Ante un fuerte crecimiento y una inflación por encima del objetivo, no suele cuestionarse que se normalicen los tipos de interés de la Fed. 

Sin embargo, con una inflación todavía elevada y una tasa de crecimiento que podría ser decepcionante, surge el dilema. Quizás esto explique la cautela de Jerome Powell, cuyo futuro en la Fed pende de un hilo.

 

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Monthly House View, 22/11/2021 - Extracto del Editorial

30 noviembre 2021

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